Entre Bermeo y Bakio, una roca muy especial, simbólica y hermosa, intenta abrazarse al mar en un intento por huir de su situación natural. Y en ese intento, el roquedo, biotopo protegido, conforma uno de los paisajes más emblemáticos de la costa de Bizkaia.
Abrupta y distante, erigiéndose la ermita de San Juan en lo alto, construída en el siglo X en honor a San Juan Bautista, en el camino que nos lleva hasta lo alto tres pequeñas huellas de pie nos recuerdan el paso en pequeña peregrinación de muchos antes que nosotros que visitaron el islote. Según la leyenda, esas huellas gravadas en la piedra fueron del propio Bautista que visitó el lugar.
Tras 231 escalones llegamos a la ermita, situada a 80 metros de desnivel sobre la línea de mar, para introducirnos en un paisaje único y espectacular, referente obligado en la visita a nuestra tierra.
Saqueado por piratas, refugio de desembarco de peregrinos de toda Europa que se dirigían hacia Santiago de Compostela por el Camino de la Costa.
Lugar de reposo y de lucha constante con el fuerte oleaje, refugio de especies marinas y aves, roca que se introduce en las aguas como queriendo convertirse en ella también, singularidad abrupta y única. |